Se acercaba el Día del Padre y como cada año fui en búsqueda del regalo que les haría a mi padre y a mi esposo, quien tenía pocos años de convertirse en padre de nuestro pequeño amor. De pronto, me encontré a una amiga de la secundaria quien de forma relajada pero directa dijo: “yo no estoy de acuerdo en festejar el Día del Padre pues es un día más y este festejo solo es producto de la mercadotecnia y de las grandes tiendas para comercializar sus productos”- mientras lo decía vi en sus ojos algo de tristeza y nostalgia que preferí respetar, al tiempo en que se vinieron a la mente mis razones para sí festejar un día tan especial en mi vida.

La primera razón era mi padre, con quien tuve tantas aventuras de niña, quien me contaba cuentos cada noche para dormir, el que me enseñó a subirme al árbol, a andar en bicicleta, a nadar, a ser una pequeña valiente más que su princesa, el hombre que me demostró que el amor a una mujer sí existe pues él ama incansablemente a mi mamá, la figura que me enseñó lo que yo quería del amor de una pareja: respeto, amor, cuidados y compañerismo. Mi padre, un hombre trabajador, honesto y juguetón, de quien estoy profundamente orgullosa, ha sido un catalizador de mi mejor versión, me ha ayudado a parar varias veces, me ha acompañado en las enfermedades, alegrías, triunfos y fracasos de una forma incondicional y desinteresada, hoy es un gran abuelo con muchas ganas de vivir y compartir al lado de su amada familia.

Mi segunda gran razón es mi esposo, padre joven de un pequeñito alegre y travieso a quien tanto amamos. Mi esposo es el gran amigo de mi niño y me basta ver la forma en que él lo mira para saber qué está muy enamorado de su papá. Juegan tosco, se ríen, ven juntos las caricaturas y le cuenta cuentos como hacía mi papá conmigo. Su pequeño niño lo ama tanto porque se ha involucrado en sus cuidados, desde cambiarle el pañal, darle de comer hasta prever como protegerlo para su futuro. Estoy segura de que en el futuro, mi niño hablará de su padre justo como yo hablo del mío, porque le ha dedicado tiempo, amor y cuidados.

Claro que el Día del Padre es un evento comercial pero de pensar así tampoco festejaríamos nuestros cumpleaños, la Navidad, el Día del Niño o alguna otra fiesta. El Día del Padre para mí es hacer un homenaje a los papás, que son una bendición, es compartir alegremente haciéndolos sentir ese día muy especiales y reconociendo su ardua labor de ser maestros, protectores y colaboradores en las buenas y en las malas.

Pensé todo esto para mí y lo único que hice fue abrazar sinceramente a mi amiga de la infancia, me despedí de ella y me preparé para festejar a los papás en mi vida………

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